miércoles, febrero 03, 2010

EL CAPO, EL GOBERNADOR Y UN GENERAL

¿Cómo llegó ese camión hasta allá?—preguntó sorprendido el general Juan Arévalo Gardoqui cuando le pasaron el reporte sobre un transporte de carga repleto de marihuana que salió de Michoacán y que había sido detenido en un retén militar a la entrada de Reynosa, Tamaulipas. –¿Cuántos vehículos más habían logrado pasar los filtros instalados por los soldados? ¿Dónde estaba el responsable militar de la zona? –recuerda un antiguo colaborador que cuestionó el funcionario. Tras haber recibido el parte informativo en aquellos días de febrero de 1988, el secretario de la Defensa Nacional ordenó relevar al comandante de la 21 zona militar en Morelia, el general Manuel Lomelí Gamboa, quien salió del estado acompañado de varios de los mandos quienes estaban bajo sospecha.

Cuando el general Edmar Euroza Delgado, un antiguo comandante del batallón de paracaidistas que se hizo célebre por encabezar a las tropas la noche del “bazukazo” a la puerta de la preparatoria uno durante el movimiento estudiantil de 1968, fue nombrado al frente de la comandancia militar, los primeros reportes que recibió sobre el narcotráfico en el estado hacían referencia a un hombre muy discreto que pocas veces salía de su rancho en Aguililla, decían que se manejaba sin lujos ni ostentaciones, y era quien controlaba a la clase política en esa región de la Tierra Caliente michoacana. Se llamaba Salvador Revueltas, “Don Chava”, un hombre del que se decía que lo mismo se entendía con el gobernador que con cualquier militar, desde el de más bajo rango hasta el comandante más importante. Sobre él recaían los indicios para investigar las sospechas de sobornos que presumiblemente se habían dado al batallón 51, encargado de los retenes en las carreteras de Michoacán, sin los cuales no se explicaba el tránsito de vehículos con droga que salían de la región.

Aquel era el último año del gobierno de Miguel de la Madrid, estaba en curso la campaña electoral para la elección presidencial de julio cuando los señalamientos contra el gobernador Luis Martínez Villicaña supuestamente por estar coludido con el narcotráfico, generaban suspicacias que no eran tomadas en cuenta pues la preocupación central era la jornada electoral. Días antes de las elecciones el general Euroza encabezó en la sede de la comandancia una reunión con el gobernador y sus principales colaboradores, ahí les presentó un mapa sobre las tendencias del voto en Michoacán donde el PRI perdería más del 60 por ciento de los municipios. Se le hizo hincapié en que poblados como Tumbiscatio, Uruapan, Apatzingán, Aguililla, Arteaga y otros de la zona calentana, el narcotráfico era quien habían colocado a sus “candidatos”, recuerda el general Carmelo Terán Montero quien era jefe de estado mayor de la zona.

El gobernador salió de aquella junta sin decir nada, se le veía preocupado y tenía razón porque tras la jornada electoral del 6 de julio de aquel año, el PRI solo ganó en el distrito electoral de Zamora. Habían perdido en la mayor parte del estado pero las estructuras de control del narco seguían intactas. El general Terán recuerda que el presidente municipal de Aguililla en aquella época lo había “puesto” Salvador Revueltas. Su poder abarcaba no solo esta comunidad sino otros municipios donde su gente era la encargada de sobornar a los policías, mantener a raya a todo tipo de delincuentes y procurar que las actividades económicas de la zona, como la agricultura y el comercio, se desarrollaran en paz. Era un capo como los de antes. “Tenía controlado todo”, recuerda el general Terán, “lo respetaban desde Aguililla, El Aguaje hasta Apatzingán. Era el que se arreglaba con el comandante de la partida militar, por lo menos”.

Terán dice que a partir de aquella época comenzó a realizarse un manejo sistemático de la información, se creó un archivo en la zona militar de Morelia y todos aquellos que se dedicaban al narcotráfico, como “Don Chava”, habían sido reportados a las autoridades civiles encargadas de detener y juzgar. Extrañamente nunca pasó nada.

Al paso de los años el hijo de “Don Chava”, Salvador Revueltas Ureña conocido como “Chava lentes”, heredó el control del narcotráfico en esta zona del estado. De acuerdo a un reporte de inteligencia de la Policía Federal, fechado en 2007, este hombre era el encargado de recibir, distribuir y trasladar cocaína y anfetaminas desde el sur de México para transportarla por Michoacán hacia el norte del país y pasarla a los Estados Unidos. “En el municipio de Aguililla, encabeza las actividades para cancelar las cuotas que cobra la organización criminal denominada Los Zetas así como para erradicarlos de la región”.

“Chava lentes”, heredero del negocio del narcotráfico que encabezó durante más de 30 años su padre, quien nunca fue detenido y que se distinguió hasta hace pocos años por su discreción, está considerado hoy día como uno de los socios del grupo que encabezan Joaquín “El Chapo Guzmán” e Ignacio “Nacho” Coronel, formaba junto con Juan José Farías Álvarez, apodado “El abuelo”, quien ya fue detenido, una mancuerna a la que se le conoció como “antizetas”, encargados de repeler las incursiones del grupo paramiliar en esta zona de Michoacán. Ambos fueron considerados por las autoridades federales como enemigos de la autodenominada “Familia michoacana”, con quienes mantuvieron una sangrienta disputa territorial en los últimos años.

Cuando “El abuelo” fue detenido circularon versiones que involucraban a militares de la 43 zona, con cuartel en Apatzingán, como los que le brindaban protección para que actuara como “jefe de la plaza” en Tepalcatepec, un municipio donde su hermano Uriel Farías fue electo alcalde. El edil fue uno de los presidentes municipales que quedaron presos días antes de la jornada electoral federal de julio del 2009, en una redada de alcaldes en la región que desde hace más de 20 años la comandancia militar de Morelia tenía reportada como de “narco-municipios”.

EJECENTRAL.COM.MX

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