martes, octubre 20, 2009

EL CUERNO Y EL CHANATE


1 COMANDO, 2 ARMAS, 27 ATAQUES Y 61 MUERTOS

Un repaso por algunos de los crímenes más sobresalientes en 2008 muestra la capacidad de los grupos organizados del narcotráfico para planear sus ataques, asegurar su eficacia, enfrentar a las fuerzas policiacas con éxito funesto y, después de todo esto, volver a atacar, tal vez con los mismos hombres, seguramente con las mismas armas.

En días pasados, la Procuraduría General de Justicia del Estado hizo una revelación tan extraña como sorprendente. En algunos hechos delictivos, dijo el director de Servicios Periciales de la dependencia, Gerardo Moreno Castañeda, se han detectado el uso de las mismas armas.

Días más tarde, el propio procurador confirmaría la nota, al atribuir a un comando armado la ejecución de 60 personas, entre civiles y policías, de acuerdo con 25 expedientes levantados.

Un seguimiento de Ríodoce logró establecer que no fueron 25 sino 27 los ataques en los que se detectó el uso persistente de algunas armas, sobre todo dos: un fusil AK-47 y un AR-15, dejando como saldo 61 víctimas y una cantidad (indeterminada) de heridos.

2006: el primer eslabón

La primera pista de la Procuraduría surgió al amanecer del 18 de septiembre de 2006. Martín Lizárraga Báez, de oficio taxista, estaba terminando su turno y fue a la casa de su patrón para hacer el corte de la jornada. Estacionó la unidad —un Tsuru 2004 marcado con el 10707 del sitio La Curva— por la calle Brasil, del fraccionamiento Infonavit Humaya, y esperó. Pero antes que el patrón llegó una camioneta Lobo llena de matones. Lizárraga Báez puso en marcha el taxi y trató de huir del lugar, pero los sicarios empezaron a dispararle de carro a carro. Lo alcanzaron dos cuadras más adelante, sobre el bulevar Enrique Cabrera, donde le vaciaron sus cargadores. Recibió 15 impactos en el cuerpo y el “tiro de gracia” en la cabeza, con una pistola calibre .45. Poco más de setenta cascajos fueron recogidos por los peritos, que provenían de fusiles AK-47, conocido como cuerno de chivo, AR-15 y calibre .45.

Días después, el caso descansaba en los archivos.

Muerte en Las Quintas

Exactamente un año después, los servicios forenses de la Procuraduría de Justicia recibirían material para hacer un hallazgo singular y desempolvar el caso del taxista. Pasado el mediodía del 17 de septiembre de 2007, un grupo de sicarios había asesinado a dos jóvenes en Las Quintas, y en el ataque se había usado una de las armas que vomitaron fuego contra el taxista aquella madrugada.

En la refriega resultó herido un vigilante de la gasolinera ubicada por la avenida Eldorado. Los jóvenes asesinados fueron Hugo Alfredo “N” de 17 años y Dalton Iribe Beltrán de 19, los dos originarios de El Pozo, sindicatura de Imala, lugar donde meses después aparecerían las mismas armas en otra matanza. En el ataque, informó la Policía, se usaron solo fusiles AK-47.

De acuerdo con el informe oficial, el doble homicidio ocurrió a las 13:15 horas sobre el bulevar Eldorado y la calle Los Álamos, en Las Quintas. Hugo Alfredo y Dalton transitaban de sur a norte en un auto Nissan, Áltima, con placas VWS53735 de Sonora. Al llegar a la esquina fueron interceptados por sicarios que viajaban en una camioneta de color oscuro. Los gatilleros se emparejaron al Áltima y empezaron a dispararles.

Hugo Alfredo, quien conducía el auto, se metió al estacionamiento de una gasolinera, bajó del vehículo y corrió para huir del ataque, pero fue alcanzado por los disparos.

Los gatilleros terminaron por rematar a Iribe Beltrán, quien quedó destrozado a balazos en el asiento del copiloto. Los peritos recogieron del lugar solo cascajos de AK-47.

Al hacer los estudios comparativos de los cascajos resultó que una de las armas había sido utilizada, al menos, para matar al taxista Martín Lizárraga, un año antes.

Una a una, las pruebas de percusión, extracción, obturación y expulsión, arrojaron el mismo resultado: en el asesinato del taxista y en el ataque de Las Quintas, había tableteado el mismo cuerno de chivo.

Bestial ataque en El Pozo

Este sería el primer eslabón que permitía a los peritos de la Procuraduría establecer la relación de un crimen y otro a través de un arma. Pero después vendría otro hallazgo, y luego otro, y otro, y uno más, y otro… hasta eslabonar 27 ataques con una sumatoria funesta de 61 personas asesinadas, además de los heridos, 58 de ellos entre marzo y agosto de 2008.

Después, al encadenar otros ataques, siempre con víctimas mortales, encontrarían otro elemento en común: en varios de ellos gravitaba, además del cuerno de chivo, otro fusil: un AR-15, que en la jerga criminal llaman chanate.

En el registro de la Procuraduría hay ataques dirigidos a una persona, pero también se registraron hechos sobresalientes por su saña criminal. Como la ocurrida en El Pozo, el Viernes Santo, 21 de marzo de 2008, en la mañana, cuando de pronto el pueblo se transformó en un infierno, pues alrededor de 40 hombres armados entraron en varios vehículos y dispararon a todos lados. En el ataque murieron cuatro jóvenes y un menor de edad resultó herido. Murieron Jesús Zazueta Galindo de 22 años, Raúl Beltrán Tizoc de 25 años, Sergio Antonio Leyva Reyes de 25 años y Luis Alberto Jiménez Osuna. Resultó herido Miguel “N” de tres años de edad.

El Pozo es una comunidad fundada hace 200 años en una hondonada al pie de la sierra, en el camino que lleva a Imala. Los peritos recogieron del lugar más de 500 cascajos, todos de cuernos de chivo y AR-15.

Domingo de resurrección

Otro hecho con la misma crueldad fue el que ocurrió en la colonia Las Cucas dos días después, en la coronación de la Semana Mayor, cuando un comando armado llegó a una casa y mató a seis personas, entre ellas a dos menores de edad.

La masacre fue el 23 de marzo, Domingo de Resurrección. Esa vez, las víctimas fueron identificadas como Fidel Vargas González de 51 años y su hijo Juan Carlos Vargas González de 23 años. También fueron asesinados los sobrinos de Fidel: Aarón Vargas Peñuelas de 22 años y Noé Vargas Meza de 25. A las otras víctimas las identificaron como Joaquín Ramón Villaseñor de 17 años y César Adrián Ortiz Inzunza de 16 años.

Las víctimas jugaban baraja debajo de un árbol en el patio del domicilio, donde había varios vehículos último modelo. Hasta ahí llegaron los asesinos en varios vehículos. El resto fue ruido de fusiles, olor a pólvora y a carne quemada. Del lugar, peritos de la Procuraduría General de Justicia del Estado recogieron 80 casquillos calibre 7.62 x 39 y una pistola calibre 45, propiedad de una de las víctimas.

Cuando los peritos hicieron los comparativos de los informes de laboratorio, encontraron que, efectivamente, en las matanzas de las Cucas y la de El Pozo había sido usada, entre otras, al menos una misma arma, el cuerno de chivo. Luego comprobarían que era la misma de los otros crímenes, el del taxista y el de los dos jóvenes de Las Quintas, eslabones de la misma cadena.

Las vegas. Madrugada infernal

Pero era apenas el principio. El cuerno y el chanate, indetenibles, seguirían rugiendo cada vez con mayor poder destructivo. Después la actividad criminal tendría un auge debido al entallamiento de la guerra entre los cárteles de Sinaloa.

De acuerdo con la Procuraduría, las dos armas participarían en el asesinato de siete policías federales en la colonia Las Vegas la noche del 26 de mayo del año pasado.

Ahí los hechos empezaron en la colonia Rosario Usárraga, cuando un grupo de sicarios perpetró un ataque contra dos jóvenes a los que dieron muerte, y fue detectado por una patrulla de policías federales, dándose una persecución que a la postre resultaría costosa para los agentes. Al llegar a un recoveco de la colonia Las Vegas, los policías cayeron en una emboscada. Un comando de gatilleros los esperó. Desde un solo punto fueron abatidos cinco agentes cuando apenas se bajaban de su unidad. Caerían dos más en la refriega posterior, que duró más de cinco horas. En el enfrentamiento, murió un sicario.

Cuando los peritos pasaron al laboratorio los cientos de cascajos percutidos por la banda criminal, se dieron cuenta que entre ellos había varios que habían sido quemados con la misma arma con que se había asesinado al taxista, a los dos jóvenes en Las Quintas, y que había participado en las matanzas de El Pozo y de Las Cucas. El mismo cuerno.

Matan a Ricardito

Veinte días después, el 17 de junio, volverían a aparecer las huellas mortales del cuerno. Apenas había amanecido cuando se perpetró un ataque contra un policía ministerial en el cruce de las calles Álvaro Obregón y José María Cota, en los límites de las colonias 6 de Enero y Arboledas. Un comando armado ejecutó al agente Ricardo Beltrán Villa de 32 años, alias Ricardito, quien estaba asignado desde años atrás a los sobrevuelos que realiza en helicóptero la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE).

Los asesinos viajaban en una camioneta Liberty y se dieron a la fuga con rumbo al oriente de la ciudad. Cuando pasaban por la Isla Musala, un agente de Tránsito los siguió en la patrulla 2011 porque iban a exceso de velocidad. Los sicarios se detuvieron cuando iban por la avenida Eldorado, en Las Quintas, a la altura de la calle Estado de Chihuahua. Cuando el agente se disponía a bajar de la patrulla, el copiloto de la camioneta se bajó armado con un fusil AK-47 y le disparó en 100 ocasiones, causándole la muerte. El agente se llamaba Demetrio Verdugo Ríos y le faltaba un año para jubilarse.

De los dos hechos eslabonados, la Policía recogió alrededor de 200 casquillos de cuerno de chivo. Uno de ellos era el mismo que había aparecido en las otras matanzas.

La muerte regresa al Pozo

La cadena tendría más eslabones y más sangrientos todavía, según las indagatoria de la Procuraduría de Justicia. El 25 de junio habría una nueva matanza en El Pozo. Esa vez los sicarios llegaron por la noche. Eran alrededor de 40. La banda ultimó a Martín Félix Silva de 55 años, Pedro Milán de 40 años, Édgar Milán de 20 años y a José Ángel Tizoc de 14 años. También “levantaron” y ejecutaron a Pedro López. El mismo método, la misma cantidad aproximada de hombres. Las mismas armas.

Guerra demente

El cuerno y el chanate no tenían reposo. Entre masacre y masacre fueron apareciendo en hechos de menor impacto, pero igualmente mortales, causando muertes y sumando heridos. No se ha establecido si los gatilleros eran los mismos, pero la Procuraduría infiere que pertenecen a uno de los bandos que a partir del 30 de abril de 2008 entraron en pugna, imponiendo el terror en todo Sinaloa.

El 10 de julio Culiacán vivió una de las jornadas más sangrientas de 2008. Y si no fue la más sangrienta fue, con toda seguridad, la más injusta. Todo ocurrió en ocho minutos, que bastaron para dejar al paso una estela mortal, maloliente y terrorífica. Un poco menos de un kilómetro a la redonda: once muertos, entre ellos dos policías, dos catedráticos, un menor de edad...

Todo ocurrió poco después de las 11 de la mañana. Un grupo descomunal de gatilleros llegó al taller mecánico Mega 2000, ubicado en Río Ameca 1760, entre Guillermo Prieto y Jesús Terán, en la colonia Ejidal, también llamada Los Pinos. El taller, se dijo, era de un sicario del cártel de Sinaloa y le hacía trabajos de carrocería y pintura a las corporaciones estatales y federales de Policía. Una patrulla de la Policía Federal estaba esa mañana.

Eran alrededor de 70 sicarios que llegaron al taller a bordo de 10 unidades. Entraron disparando y dejaron a nueve hombres regados en el piso, adentro y afuera del establecimiento. La mayoría de ellos eran clientes inocentes.

En el interior del establecimiento quedaron seis de los cuerpos, uno de ellos de un menor de edad que trabajaba en el taller. Afuera otros tres, dos de ellos, padre e hijo, catedráticos de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

En la retirada los sicarios siguieron un comportamiento afrentoso, ufano, de reto. Pocas cuadras más adelante se toparon con dos unidades de la Policía Ministerial, las cuales atacaron. Ahí fueron heridos al menos tres policías, dos de ellos murieron.

La numeraria mortal indicó esa vez que en el lugar —en la colonia Ejidal y por el bulevar Zapata— fueron disparadas cerca de 300 balas: 246 casquillos calibre 7.62, para fusil AK-47 y 42 calibre .223, para AR-15: Además se localizó un cargador con 48 cartuchos útiles para .223.

Cuando los peritos de la Procuraduría analizaron los cascajos, encontraron que en los ataques vomitaron fuego el cuerno y el chanate que ya tenían registrados.

Y los que faltan…

Solo se acumulaban los datos y se amontonaban los muertos en los expedientes. La Procuraduría de Justicia detectó el último caso en agosto, pero después ni el cuerno ni el chanate volvieron a aparecer. Los comandos siguen ahí; los muertos y los heridos también.

FUENTE: RIODOCE.COM.MX


DAREYES DE LA SIERRA-EL CUERNO DE CHIVO

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