lunes, enero 04, 2010

DETENCION DEL KAIBIL

Cuando los militares llegaron sorpresivamente a la “narcofiesta” que se celebraba en el salón Mezzanine del bulevar Insurgentes, reinaba un primer y breve (se esperaba) silencio, pues los músicos de la Banda San José apenas se preparaban para empezar una nueva ronda.

Ángel Jácome Gamboa (a) “El Kaibil”, uno de los hombres más buscados por la policía, por su bien ganada fama de sanguinario, había llegado también y junto con sus acompañantes estaba sentados en la mesa más próxima a la puerta de salida, según lo que revelaron testigos a Agencia Fronteriza de Noticias de Tijuana.

Hombre de las confianzas de Eduardo Teodoro García Simental (a) “El Teo” o “El Tres Letras” (quien le regaló un arma con su apodo) había decidido divertirse, en virtud del parentesco que se afirmó que lo une a la ahora frustrada quinceañera. Como su tío, que dicen que es, el hombre de 29 años de edad, originario de Veracruz y ex “mando” municipal en Rosarito, decidió estar presente y divertirse en grande, olvidando quizá, la encarnizada guerra que su grupo sostiene con el “líder” del cártel que opera en Tijuana, Fernando Sánchez Arellano (a) “El Ingeniero”.

Sorprende el hecho de que en esta ocasión, al parecer no había presencia de individuos que montaran guardia por los alrededores. Unos afirman que porque era tanta su seguridad en que estaba bien protegido por los policías “comprados”, que no fue necesario, en tanto que otros advierten que los fuertes golpes que han sufrido a manos de las autoridades y las ejecuciones que han resentido ambos grupos en pugna, los ha ido dejando sin hombres.

Sin imaginar el desenlace que tendría el festejo, el sábado 07 de marzo, tal y como lo marcaba la invitación de 15 años, a partir de las 17:00 horas, los invitados fueron llegando al salón de fiestas, la mayoría de ellos, contentos y ataviados, muy de acuerdo a la ocasión.

La feliz quinceañera, una jovencita de tez morena, estatura media, más llenita que delgada, pelo largo y castaño, cuyo nombre se omite por ser menor de edad, llegó a su festejo portando un vestido totalmente blanco y sin chambelanes.

Como es reglamentario, según relatan testigos, personal de seguridad del Mezzanine revisaba ese día a los invitados, para cerciorarse de que no se ingresaran armas u otros objetos peligrosos a la fiesta.

El grupo “Sonido Show EXO” fue el primero en amenizar la fiesta. Los integrantes de la agrupación, hombres bailarines, lograron “calentar el ambiente” haciendo que varios de los invitados se pararan a menear el cuerpo antes de que se sirviera la cena.

Para las nueve de la noche, tras la primer bailadita, los concurrentes degustaron de entrada una ensalada, seguida del plato fuerte que consistía en trozo de pechuga empanizada, una guarnición de verduras y una especie de pasta.

Los meseros ofrecían abiertamente a los invitados diferentes tipos de licores y cerveza. Como es típico en una fiesta de 15 años, luego de la cena, se escucharon los acordes para el baile del vals. “Balada para Adelina” y “Tiempo de Vals” fueron los temas seleccionados por la agraciada damita, quien únicamente bailó con familiares y amigos, ya que los obligados chambelanes en una Fiesta de 15, en esta ocasión, brillaron por su ausencia.

Los nombres de los “afortunados” que fueron bailando con la quinceañera aparecían en unos papelitos, pero el nombre de Ángel Jácome Gamboa, supuestamente tío de la festejada, nunca fue mencionado. “El Kaibil” llegó a la fiesta alrededor de las 10 de la noche, cuando el vals ya había terminado.

Ángel Jácome Gamboa y casi una decena de acompañantes, todos hombres, entraron sin detenerse a la fiesta y simplemente no permitieron ser revisados.

Dos mesas juntas, las más cercanas a la puerta principal, les habían sido reservadas. Sobre ellas había varias botellas de vinos caros, en su mayoría Buchanans y algunos jugos de la marca Jumex.

Para cuando “El Kaibil” llegó a la fiesta, un sonido disco de la empresa New Age Show empezó a alternar cada 20 minutos con la Banda San José, uno de los más prestigiados grupos musicales de la localidad, que para una fiesta privada estaría cobrando alrededor de $5,000.00 pesos por “tanda”, considerando su nivel dentro de la llamada “onda grupera”.

Entre música, licor, y amenas charlas transcurrió el festejo hasta que justo las 01:30 horas, llegaron sorpresivamente los que nunca fueron invitados: los militares, uniformados y fuertemente armados.

En cuestión de segundos, por lo menos una veintena de ellos rodearon el salón. Su llegada ocurrió cuando los músicos de la Banda San José se preparaban para empezar una nueva ronda. Así que no hubo el típico grito de ¡Paren esa música!

Ya con luces completamente encendidas, que hacían más evidente la presencia de los militares en pleno operativo, los invitados al festejo se inquietaron y algunos otros se llenaron de angustia. Incluso hubo quienes empezaron a correr para todas partes.

Narran testigos que, el lugarteniente del “Tres Letras”, con la ayuda de una de sus hermanas, habría intentado escapar por una salida de emergencia y no por la puerta de entrada que le quedaba cerca, pero los militares que aparentemente ya lo tenían identificado, “lo atoraron” en el intento. Lo sacaron inmediatamente después de que lo aprehendieron.

Para organizar al resto de la gente y llevar a cabo la detención, los efectivos del Ejército exigieron uno de los micrófonos que eran utilizados en la fiesta. Así fue como primero, ordenaron a todos los hombres tirarse al piso.

Exigieron también que las mujeres y los niños que estaban en la fiesta, salieran del salón.

Mientras los varones permanecían tirados en el piso, los militares se dieron tiempo de revisar minuciosamente todo el Salón.

Posteriormente, les ordenaron sentarse en una orilla del salón, siempre con las manos en la nuca, para que los hombres ya sometidos, entregaran credenciales de elector o identificaciones, celulares y llaves de los vehículos.

Tras decomisar las pertenencias, los militares, con palabras altisonantes empezaron a mencionar algunos nombres.

“¿Quién es Marco Antonio? Más vale que me digan porque si no, les va ir muy mal cabrones”, recuerda uno de los sometidos. No se sabe cuál es la importancia de este hombre dentro de la organización ni de quién se trata, sin embargo en la lista de personas detenidas aparece un hombre identificado como Marco Antonio Salceda Silva.

“Entre los nombres que mencionaron, nunca preguntaron por El Kaibil. A ese ya lo tenían aparte”

El mismo testigo relató a AFN que a uno de los acompañantes de Ángel Jácome Gamboa, los militares lo tenían hincado muy cerca de la puerta de salida.

“Le golpearon la cabeza contra la pared para que hablara, pero nunca les quiso decir nada”.

Trascurrió aproximadamente una hora para que los “asegurados” salieran del salón.

Formados de 10 en 10 y todos con las manos en la nuca, entre la gente supuestamente relacionada con el crimen organizado, estaban los meseros, el capitán de meseros, los dos o tres policías presentes, los músicos, los encargados del sonido y hasta el chofer del “camioncito” de la Banda San José.

Afuera, estaban estacionados dos unidades en las que finalmente fueron trasladados, pero también sobre la calle, había varios vehículos militares, Hummers y varias paneles.

La fiesta fue videograbada hasta antes de la llegada de los militares. Después, algunos de los familiares de los detenidos, siguieron a los militares hasta las instalaciones del Aguaje de la Tuna, donde los recluyeron.

Al buscado sicario lo “perdió” la diversión, como ha ocurrido en otros casos, en los que algunas de las “piezas clave” de la organización han sido detenidas en carreras de autos como las Bajas 250 y 500 o hasta comiendo hot dogs y retando a la suerte en un casino.


NARCOTIJUANA.INFO

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