sábado, noviembre 14, 2009

“REDOXON” Y “ADEROGIL”

Debió ser a mediados de los noventas. Fue la primera y última vez que entré a Farmacia Vida frente a El Toreo de Tijuana. Andaba acatarrado. Consulté al doctor y amigo Juan Medrano. Me recetó y fui a comprar “Aderogil” ampolleta y “Redoxon” tableta efervescente. Recuerdo los medicamentos, porque cada vez cuando la gripe zarandea, el remedio es efectivo. Entonces una empleada guapetona me atendió, surtió y cobró los medicamentos. Mientras lo hacía, vi que tenían un estante para periódicos y revistas. No estaba ZETA. Por eso le pregunté a la lindura de blanca bata: “¿Por qué no venden ZETA?”. Su respuesta fue un amable “no sé”. De allí mi insistencia para hablar con alguien y conocer el motivo. La chica escultural gentilmente fue a la oficina. Llamó al encargado. Entretanto pensé: “A lo mejor nuestro distribuidor no les trae el periódico”. O “se les hace caro” y hasta “puede que su política sea nada más vender diarios, no semanarios”. En esas estaba cuando se apersonó el encorbatado gerente. Me identifiqué, repregunté y su respuesta me destanteó: “Son órdenes de arriba…de la dirección”. Insistí si no habría forma de hablar con ellos y llegar a un acuerdo. “No. Definitivamente no quieren ZETA en ninguna de nuestras farmacias”. Con tal respuesta hasta el catarro se me olvidó.

Entonces andaba el run-run: Es que originalmente existía una Farmacia Vida y de repente aparecieron muchas por toda la Ciudad hasta acumularse 26. Se notaban más porque estaban igualitas. Pintadas de anaranjado y blanco con una flor estilizada como logotipo. Parecida a la margarita. También color mandarina. Los rumores repuntaban y empataban. Lógico. Así es cuando suceden estos relampagueantes negocios sin estruendo. Silenciosos. Pero notables. Empresarios y periodistas le tomamos sabor: “Posiblemente son de alguien que está lavando dinero”. Los hombres de negocios son los primeros en sorprenderse. Saben perfectamente quién y cómo anda eso de las inversiones. Y los reporteros entramos al terreno de la malicia. Sobre todo porque bien era sabido cómo vendían muy baratas las medicinas. Y aparte cuando los clientes pagaban con dólares, se los tomaban a una paridad mejor comparada con la oficial. Después supe cómo ése era uno de los muchos principios para el famoso “lavado de dinero”.

De repente y sin casi nadie saberlo, Farmacias Vida se convirtió en una corporación. Aparte de las 26 en Tijuana crearon a lo largo de la frontera. Empezaron a surtir a través de otra compañía perfumes importados de los más caros y por ello famosos. Artículos de belleza. Hasta el punto de convertirse en distribuidora exclusiva en el país. Surtiendo a los principales almacenes del Distrito Federal y otras ciudades mexicanas. También cubrían grandes pedidos a tiendas departamentales recién instaladas desde Estados Unidos. Y a las más importantes boticas del país. Para eso crearon otra empresa e instalaron almacenes en Guadalajara, Distrito Federal y Monterrey. Una millonada.

Enedina Arellano Félix estaba dirigiendo todo. Con mentalidad de contadora como es su profesión. Organizada. Fría como una suma de dos más dos. Tanto así: Se divorció. Pero quien fue su marido, Luis Toledo Correjo, le era necesario en las empresas y siguieron trabajando como si nada. Pero inteligente al fin vio con claridad hacia dónde iban los negocios: Los descubrirían en cualquier momento. Se notaban mucho. Crecieron hasta tener tres negocios con todas las de la ley en Estados Unidos. Les servían para “lavar” dólares. Relaciones con empresas de renombre en Ecuador, Suiza, Inglaterra, Mónaco, Alemania y Estados Unidos. Por eso Enedina decidió empezar a debilitar los negocios intencionalmente. Financiaron lotes de autos en la zona más exclusiva de la Ciudad. Al Motel Oasis, a nombre de Manuel Aguirre Galindo, uno de los actuales asociados al Cártel. Costearon los gastos de “Dragones” y “Soles”, equipos profesionales de basquetbol. A “Leoman Constructora e Inmobiliaria”, propiedad del hijo de Jesús “Don Chuy” Labra, actualmente en “La Palma”. Y muchas de sus importaciones curiosamente no fueron registradas por las aduanas norteamericana y mexicana en su camino a Tijuana. Así en una clásica “operación cicatriz”, los días 21, 22 y 23 de mayo de 2001 cerraron los negocios.

Vendieron las boticas. Inmediatamente los compradores les cambiaron el nombre. Las pintaron con otros colores. Enedina desapareció la corporación. Fue atinada. Tanto que se le adelantó al Embajador de Estados Unidos en México, Jeffrey Davidow, en 2001. El simpático diplomático denunció el negocio públicamente. Advirtió a sus paisanos no comprar en tales establecimientos. Si lo hacían y eran descubiertos al cruzar la frontera, serían acusados penalmente. Ahora, cuatro años después, el Gobierno norteamericano anunció “congelar a narco-empresas mexicanas”. Mencionó los nombres de las boticas que no existen. Y puso en sus páginas web organigramas no valederos. (Foreign Narcotics Kingpin Designation Act. Tier II Designation). También reveló nombres. Pero en su mayoría fueron empleados. La mayoría dejó las empresas de los Arellano precisamente entre 1998 y 99 cuando la avispada Enedina decidió debilitar la corporación.

El problema para estas personas es serio. Uno de ellos me trajo fotocopia de notificación consular. (Withdrawal of Aplication por Admisión/Consultar Notification). Aparte dos hojas y media escritas a máquina por él. Allí explica todo lo sucedido: Le detuvieron agentes norteamericanos al cruzar la frontera. Dos oficiales lo tomaron por los brazos. “Me llevaron a las áreas de revisión, me quitaron el cinturón, las cintas de zapatos” y quedó solamente en calcetines. Hasta el reloj. Encerrado de tres a cuatro horas en un cuarto. Llegaron dos oficiales de color. Le interrogaron mencionándole más nombres de empleados y accionistas de la corporación inexistente. Tomaron nota. Otras tres horas encerrado. Le llevaron agua, pan, galletas y una ración de zanahorias. Nueva andanada de preguntas. Su respuesta fue la misma. Era empleado y nada más. Les explicó que ZETA publicó toda la historia con detalle en 2002. Entonces los oficiales norteamericanos al escucharlo “…opinaron que era creíble ya que coincidía con lo que ellos tenían, pero no podían hacer nada por mí, porque no estaban autorizados ni tenían facultades para resolver algo, y que por tal motivo me cancelarían mi vista y esperaban que acudiera si me volvieran a llamar”….”me pasaron a tomar fotos de frente, de perfil y huellas de todos los dedos de ambas manos para ficharme y se quedaron con mis documentos, pues no podían regresármelos ya que los querían para sus archivos. Salí a las 10:20 pm aproximadamente”. Estuvo allí desde las 10:15 de la mañana.

El Gobierno estadounidense reveló 11 nombres de empleados por la corporación de los Arellano Félix incluida Enedina. Entre ellos María Antonieta Fregoso y Julio César Monroy. Visitaron ZETA el martes. Me dijeron que no tuvieron ninguna relación de alta escala en los negocios. Y ahora estaban dedicados a una empresita modesta de su propiedad. Aparte figuran nueve personas más en la lista que se difundió en tiempos de Davidow. Sé que la Procuraduría General de la República no tiene alguna denuncia o realiza investigación sobre ellos. Están libres en Tijuana. Pero seguramente si ya pasaron o tratan de cruzar la línea internacional, les sucederá igualito que al ex empleado que me confió su drama con documentos: Serán detenidos e interrogados durante horas. Lo más serio en esa grave situación será que perderán su visa. Jamás volverán a Estados Unidos. Los tienen fichados. En cualquier frontera.

Me extraña que el Gobierno norteamericano resucite estos nombres después de cuatro años. No le veo el caso. La corporación ya no existe. Los negocios satélite tampoco. Y los empleados dejaron de serlo. Sus ejecutivos desaparecieron. Pero también me sorprende la actitud del Gobernador del Estado, Licenciado Eugenio Elorduy Walther. Al saber del caso declaró a la prensa que los norteamericanos nos digan cuáles son las empresas que lavan dinero allá, y que primero pongan en orden su gallinero. Según las referencias que tengo, la PGR y Hacienda revisaron esa corporación de los Arellano en 1993, 1997 y 2000. Hay antecedentes oficiales. Verificaron cómo lo operaba hermana y ex cuñado de los Arellano. Éste figuraba en documentos autorizando movimientos. Pero nuestras autoridades no hicieron nada. Increíble. Estoy seguro que en Estados Unidos existen negocios ilegales. Que están “lavando” dólares es una realidad. Pero también sucede en Tijuana y muchas ciudades del país. Por eso siento tan inoportuna la declaración norteamericana sobre “narco-empresas”, como la expresión del gobernador bajacaliforniano. Ni una ni otra conducen a resultados. Me quedo con la efectividad del “Redoxon” y “Aderogil”. Y en los hechos fue más realista Enedina cuando las farmacias y prohibió la venta de ZETA. No quería ver nada escrito sobre sus hermanos y menos servir para que otros se enteraran.

J. J. BLANCORNELAS

FUENTE: DIARIO ZETA

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