domingo, noviembre 08, 2009

EVERARDO ARTURO PÁEZ MARTÍNEZ

EVERARDO ARTURO PÁEZ MARTÍNEZ

"El Kitty Paez" "El Morro", "El Pelón" y "Cuarenta"

Encargado del manejo del financiero del cartel. Everardo El Kitty Páez decidía a quién matar. O si quería, éste o aquel cristianos podían seguir respirando. Estaba en el Consejo de Jefes. Algo así como el supremo tribunal del cártel Arellano Félix. Allí juzgaban y sentenciaban.

A enemigos y amigos. También negociaban asuntos muy pesados.

Páez era el más joven del grupo. Nunca tuvo pinta de malandrín. Vestía bien. Sin lujos pero de calidad. Nada de estrafalario. Cómo dicen por a’i, siempre bien planchadito. Ni encorbatado ni enjoyado. Nada de ostentanciones. Camisa de manga larga si era preciso, pero siempre corta durante el verano. Le gustaban las de cuadros. Pantalón tipo Docker’s y zapatos cómodos. Finos. Caros.

Solamente una vez estuve cerca de él y ni cuenta se dio. A primera vista parecía lampiño. Cutis delicado y un poco chapeteado. La boca chica y nariz recta. Sus cejas se pronuncian hacia abajo y eso como que le da un rasgo medio oriental. Cuando le vi, tenía pinta de universitario. Como pasante de leyes o medicina. Tijuanense de pies a cabeza. Entonces no tenía cuerpo atlético, pero sí correoso sin llegar a la flaquencia. Lo miré más o menos unos quince minutos. Se movía sin alharacas. Al contrario, buenos modales. Aparte del español mastica el inglés con buena pronunciación.

Everardo era el más joven en el Consejo de Jefes. Me imagino que si en otros cárteles existía un grupo así, ninguno debió tener alguien tan joven. Aparte, El Kitty se distinguía sin presumirlo. Tenía un excelente trato con Ramón. De muy camaradas. Seguramente por eso se hicieron compadres.

Jesús Labra Don Chuy, era el de mayor edad en el grupo. Guía y consejero. Si se le calificara en términos artísticos o deportivos, se llamaría el descubridor de los Arellano. Por eso fundador del cártel. Lejos de la violencia y sin perder la influencia también navegaba en el Consejo de Jefes. Sin muchos estudios pero con ojo de tino para los negocios. Manejaba los dólares con harta lucidez. Nada de gastalón en lujos. Mejor en terrenos. Llegó hasta tener inmobiliaria y puso a su hermano a manejarla. Le dio lo que él no tuvo: estudios. Abogado.

Amado Cruz Anguiano me envió en navidad una tarjeta dibujada por él. Naturalmente, buenos deseos. Era vecino en el fraccionamiento donde está ZETA. Nos encontrábamos y saludábamos sin entrar a detalles. Tenía Viviana’s, un restaurante excepcional. Buena cocina. Tranquilo y bien atendido. Le encantaba encaramarse en su moto y rodarla entre los cerros. También era aficionado al golf y los buenos automóviles.

Vestía bien. Fue policía en la Dirección Federal de Seguridad, pero no heredó del todo la tradición de tupirse con esclavas, cadenas o anillos de oro. Antes tuvo un periódico, Al Día y negoció con las grúas. Me sorprendió cuando lo encarcelaron por líos fiscales. Pero ya libre le vi siempre apegado a la familia. Tengo copias de actas oficiales donde se le señala como un jefe más del consejo arellanesco.

Ismael Higuera El Mayel era otro. No lo conocí personalmente. Solamente me hicieron llegar fotos tomadas en diferentes épocas. Pero hasta el momento no sé de otro como él para recibir y distribuir droga. Dicho en términos de la mafia, un efectivo bajador por aquello de localizar y estar en el lugar preciso a la hora del aterrizaje con la droga. El Mayel contrastaba con El Kitty Páez y Amado Cruz. No vestía bien. Era como Juan Charrasqueado, el del viejo corrido mexicano: borracho, pendenciero y jugador. Aunque a las mujeres bonitas no se las robaba, en cambio sí acumulaba esas flores.

Ninguno de ellos lo creyó nunca. Pero llegó un momento cuando todos estaban en Almoloya, sin poder comunicarse con tanta facilidad. Amado fue el primero en llegar, allá por el 97. El mismo año arribó El Kitty. Luego les siguió El Mayel y al final llegó Don Chuy. Amado está más cerca de la libertad.

Seguramente este año sale de La Palma. Todavía no se sabe con exactitud cuánto tiempo estará internado en esa prisión Don Chuy Labra que es el de más edad. Pero creo que la sentencia más fuerte la cargará El Mayel, con peligro de ser extraditado temporalmente a Estados Unidos para procesarlo y sentenciarlo. Una condena a cumplir después de pagar la de México.

En mayo del 2011 el cuarteto se volvió trío. Extraditaron a Páez. Periódicos, telediarios y radionoticieros informaron esta semana: a El Kitty lo sentenciaron.

Sin derecho a fianza volverá a la libertad hasta 2032. Tal vez para esos años hasta nietos tendrá. Pero mientras esté prisionero no volverá a ver a su compadre Ramón. Ni platicará con Amado, o El Mayel. Ya no escuchará los consejos de Don Chuy.

Tal vez algún día recuerde aquel 1990 cuando el Consejo de Jefes ordenó la ejecución de El Mayo Zambada que estaba en Tijuana. Comisionaron a Juvenal, a Pedro y Lino Quintana. Salieron a buscarlo. Iban en un auto por la avenida Las Palmas de Tijuana. Se cruzaron con su enemigo. Pedro insistió en perseguirlo y acabarlo inmediatamente. Juvenal se opuso. Le dijo que había muchas personas y autos en ese momento. Que sería un escándalo. Se hicieron de palabras.

Pedro iba manejando y amenazó a su compañero: “Te voy a ch....”. El otro contestó velozmente: “¡Sobres!”. Pero al mismo tiempo sacó su pistola. Le disparó a la cabeza. Pedro cayó sobre el volante.

Sin control, el vehículo se estrelló contra la tapia de una residencia. Quintana avisó por celular a Ramón. Y Arellano inmediatamente llamó a la Policía Judicial. Los policías llegaron al sitio del accidente. Cambiaron todo y no apareció en los partes oficiales ningún allegado al cártel.

Juvenal fue convocado inmediatamente al Consejo de Jefes. Todos sentados. Enfrente y de pie Juvenal. Como si fuera juicio sumario. Explicó todo. Al terminar Benjamín preguntó a sus compañeros: “¿Quién saca la cara por él?”.

Nadie abrió la boca. El mismo Arellano hizo una seña a Lino Quintana que estaba atrás de Juvenal. Desenfundó su .38 y le disparó a la nuca sin darle tiempo a defensa verbal ni física. Se derrumbó. En el piso, soltó el tiro de gracia. La voluntad del Consejo de Jefes se cumplió. Everardo El Kitty Páez aprobó el crimen. Ahora, en los próximos 30 años no tendrá ni voz ni voto.

J.J. BLANCORNELAS

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