miércoles, septiembre 09, 2009

LA PROTECCION DEL "AZUL"

El Azul Esparragoza si no es el jefe de todos los jefes del narcotráfico mexicano, sí parece el más dotado entre ellos para establecer arreglos y delimitar territorios. Nacido el tres de febrero de 1949 en Huichopa, Sinaloa, en los años setenta se preparó para delinquir en la Dirección Federal de Seguridad. Sí, aunque parezca paradójico y sin embargo es una verdad comprobada por muchos casos, además de sus funciones persecutorias contra la disidencia política, la DFS operaba como una escuela de delincuentes. Muchos de los grandes cappi del narcotráfico portaron en su momento charola de la policía política.

Esparragoza Moreno desarrolló las habilidades (y los contactos, quizá) adquiridas en la DFS en la banda de Miguel Ángel Félix Gallardo, de quien llegó a ser lugarteniente.

Pero su apenas iniciada carrera se vio interrumpida en 1986, cuando el activismo del Gobierno mexicano contra la droga (urgido por Washington tras el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar) lo condujo a la cárcel. En el reclusorio sur de la ciudad de México permaneció de marzo de ese año hasta 1992, cuando fue trasladado al penal ahora denominado La Palma, en Almoloya de Juárez. Allí terminó de purgar la breve condena de siete años de prisión a que había sido sentenciado.

Mientras se hallaba en la cárcel capitalina, tenía al parecer amplio margen para utilizar comunicaciones telefónicas, que le permitieron mantener contacto con los suyos, y también para salir de su celda a la calle siempre que fuera preciso. Diversas informaciones lo hacen presente en una reunión en 1989 en que hizo valer su influencia ante Félix Gallardo, recién aprehendido entonces, y sus conexiones con las bandas colombianas para convertirse en supremo armonizador de los intereses de las mafias mexicanas. Eso le permitió acercarse a Carrillo Fuentes, a cuyo hijo Juan Manuel apadrinó en 1994.

Ya para entonces Esparragoza se había radicado en Cuernavaca, siguiendo el ejemplo de su compadre El señor de los cielos, que escogió aquella ciudad como sede hacia 1990. No tardó en ser pública la presencia en la capital de Morelos de esos jefes del narcotráfico. Era imposible que pasara inadvertida, así fuera sólo por las nubes de guardaespaldas que protegían sus casas y sus personas. A esa multiplicación de guaruras se debió el auge que hace una década tuvieron los secuestros en aquella entidad, pues ese delito se convirtió en una especie de deporte para mantenerse en forma o un medio para ganar más dinero: lo practicaban los guardias en sus ratos de ocio.

También fue visible el asentamiento de Esparragoza y Carrillo Fuentes porque sus domicilios no estaban alejados de la casa oficial del gobernador Jorge Carrillo Olea, y porque aquellos y éste confiaban en las mismas personas. Carrillo Fuentes hacía constar sus adquisiciones inmobiliarias en la notaría a cargo de Hugo Salgado Castañeda, a quien Carrillo Olea hizo secretario de Gobierno en las postrimerías del suyo.

Como suelen hacer, también los miembros de este novedoso cártel de Morelos organizaban fiestas rumbosas. Se tienen datos, y aun filmaciones, de la que Esparragoza ofreció con motivo de su vigesimoquinto aniversario de bodas, en diciembre de 1996.

El jolgorio terminó a la mañana siguiente de su inicio, sin que nadie de los muchos asistentes que tenían cuentas con la justicia experimentara el menor temor de ser detenido o siquiera molestado, pues el magno acontecimiento contaba con la protección de agentes de la policía judicial del estado, entonces dirigida por Jesús Miyazawa.

No sólo El Azul ha sido beneficiario de tal género de resguardo, mantenido no obstante el cambio de mandos en esa corporación. Su hija Nadia ha contado con semejante protección de las actuales autoridades, así en su vehículo como en su domicilio. Aunque sea preciso tomar esta información con un grano de sal, por provenir de un indiciado, he aquí lo dicho por un agente de la policía ministerial al rendir declaraciones en diciembre pasado, en el curso de la indagación que condujo a aprehender a Montiel: Éste, según su entonces subordinado el agente Ildefonso Ortiz Alatorre, “se encarga de recibir pagos de diversos narcotraficantes de Morelos, y por otro lado sé, porque así se platica, que el Gobernador tiene un lazo sentimental con Nadia Esparragoza, hija de El Azul, y que probablemente de aquí venga la custodia que tiene Montiel con respecto a esta persona”.

La alusión al nexo personal entre esa joven y el gobernador Sergio Estrada Cajigal (que acaba de contraer matrimonio luego de divorciarse cuando era ya Gobernador) puede ser un vulgar y ofensivo chisme. La información sobre la escolta policíaca asignada a ella no lo es. La PGR la comprobó, al punto de que sus agentes tuvieron conocimiento del domicilio de la joven precisamente por el testimonio de Ortiz Alatorre.

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