martes, diciembre 29, 2009

MEGANARCOTUNEL

La Policía Federal informó de la detención de 13 hombres que trabajaban en un narcotúnel de más de 250 metros de longitud, descubierto en la ciudad de Tijuana, Baja California, y presentó a 11 de ellos en la ciudad de México.

Entre los detenidos, se encuentran dos menores de edad, ambos de 17 años, quienes no fueron presentados ante los medios de comunicación y de quienes sólo se proporcionó su nombre.

La construcción, presuntamente construida por la organización delictiva de los Arellano Félix, contaba con instalación eléctrica, aire acondicionado y línea telefónica.

En conferencia de prensa en el centro de mando en Iztapalapa, Rafael Avilés, coordinador de las fuerzas federales, informó que el narcotúnel fue detectado dentro de las acciones del Operativo Conjunto Baja California en el interior de una bodega de abarrotes, ubicada en la calle José Gálvez esquina con la garita de Otay número 210.

"En este lugar fue encontrado un cuarto el cual funcionaba como una oficina y un baño simulado, mismo que contaba con un sofisticado dispositivo hidráulico que permitía que se moviera el baño en su totalidad" explicó el mando policiaco.

La construcción dejaba a la vista un nivel inferior con escaleras para descender aproximadamente tres metros e ingresar al túnel que contaba con conexión directa a la bodega.

Destacó que el pasadizo tenía dos años en construcción y se encontraba a sólo 50 metros de la salida a EU.

En el inmueble se aseguró maquinaria diversa y fueron detenidas 13 personas presuntamente vinculadas con el cártel de los Arellano Félix, quienes participaron en la construcción del túnel.

Los detenidos fueron identificados como Sergio Zamora Sánchez, de 45 años, originario de Durango y presunto encargado de la obra; Erasmo Torres Sánchez, Jesús Enrique Félix Matus, Jesús Espinosa Espinosa, José de la Luz Sánchez Bautista y José Barrón Palomares.

También fueron presentados Luis Antonio Gastélum Márquez, José Pedro Hernández, Florencio Aguilar Gastélum, Gerardo Castillo Márquez y Francisco Alberto Gallego Gastélum.

Con el grupo fueron detenidos los menores José Uriel N. y Génesis Eduardo N. ambos de 17 años y quienes no fueron presentados.

El túnel tenía aproximadamente 270 metros del longitud y una profundidad de 20 metros, informó.

ELUNIVERSAL.COM.MX


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MUERTE DE ADRIANA

Su misma belleza la perdió y se dice que su ejecución fue ordenada por Manuel García Simental (a) “El chiquilín”, hermano del temido Eduardo Teodoro, alias “El Teo”, sin embargo no se ha podido establecer el por qué de la saña utilizada para arrebatarle la vida.

Adriana Ruiz Muñiz fue encontrada ya degollada, al filo de la medianoche de este miércoles, no obstante que Agencia Fronteriza de Noticias de Tijuana fue informada durante la tarde, de que su cuerpo, en esas condiciones, era buscado ya, tras la detención de José Carlos Meza Zepeda, de 40 años de edad.

Horas antes de ese hallazgo AFN reportó la existencia de ese rumor, el cual fue desmentido oficialmente por autoridades, según se consignó en esta página, sin embargo se anotó sobre la detención de este hombre, que habría sido llevado hasta un lugar, donde supuestamente estaría el cuerpo, pero éste no se encontró.

Por la noche, se dio el hallazgo que confirmó la muerte de esta conocida edecán, que según las investigaciones que han realizado las autoridades, mantenía una relación sentimental con Francisco Manzo Morán ex policía ministerial identificado como “El Billy” o “El Negro”, autor material del atentado en contra del ex Secretario de Seguridad Pública de la ciudad, Jesús Alberto Capella Ibarra y detenido apenas el pasado 29 de julio de este año.

La historia es la siguiente:

La policía municipal detuvo este miércoles, tras parecerle sospechoso, a Meza Zepeda, quien viajaba junto con Alfredo Martínez Martínez, de 29 años de edad, a bordo de un Jeep Grand Cherokee de color blanco y placas fronterizas, poco antes de llegar a Playas de Tijuana.

Se le encontró en poder de un arma Glock calibre 40 –de las conocidas como “matapolicías”, con 42 tiros útiles y mientras se le interrogaba al respecto, uno de los elementos revisó su teléfono celular y encontró que tenía un video donde se observaba un cuerpo degollado, por lo que se le preguntó si era real.

Elementos ministeriales también lo interrogaron y solamente dijo que se trataba de una mujer a la que recién mataron, por lo que se le obligó decir dónde se encontraban esos restos. Lo llevaron hasta la zona de La Mesa, donde inicialmente dijo que estaba, sin embargo no fue encontrado ningún cadáver.

Fue remitido a la Procuraduría General de la República (PGR) por la posesión del arma pero interrogado también por el ejército, el cual le trasladó de nueva cuenta, pero ahora hacia la colonia El Altiplano, para hacer una nueva búsqueda. En ese segundo interrogatorio el delincuente fue cuando identificó a la víctima, revelando que se trataba de la edecán recién secuestrada y “recordó” que estaba en un basurero del lugar, a un metro bajo tierra.

Efectivamente localizaron ahí los restos de la dama, secuestrada el sábado anterior (2 de agosto), en las afueras de su domicilio en el fraccionamiento El Rubí, cuando se dirigía junto con un joven a una tienda. Las primeras indagatorias la ubican como “novia” de “El Negro”, sin embargo no se sabe el porqué se le asesinó con esa saña.

José Carlos Meza sólo indicó que “habría abierto más de la cuenta la boca” y que por eso la mataron. No se reveló tampoco el por qué grabó a la mujer muerta, por lo que no se sabe si sería una prueba de la ejecución, para la persona que lo contrató o si sería un mensaje para alguien en especial.

Familiares de la asesinada se encontraban la tarde de este jueves en las instalaciones del Servicio Médico Forense para reconocer sus restos. Adriana era una de las edecanes de los Xoloitzcuintles, trabajaba en el Bar London de Tijuana, en otro de Ensenada y participaba en eventos independientes en los que se le contrataba como en el de los Pilotos Infernalesde Francia, donde se le vio amenizando en el sitio, en lo que fue una de sus últimas apariciones públicas.

FUENTE: AFNTIJUANA.INFO

INFILTRACIONES DEL CAF

Para el teniente coronel Julián Leizaola Pérez, secretario de Seguridad Pública Municipal, el cártel de Tijuana sigue activo y disputa la plaza con el cártel de Sinaloa, grupos de Michoacán y del Golfo.

En entrevista con Proceso, dice que en Baja California, y en particular en Tijuana, sólo cuenta con el apoyo del Ejército y reconoce que la Federación requiere hacer "un mayor trabajo especializado y de inteligencia" para poder detener a las principales cabezas del narcotráfico: Teodoro García Simental y Luis Fernando Sánchez Arellano.

Leizaola Pérez ha logrado evadir planes para ser asesinado por el narcotráfico en los dos años que lleva al frente del cargo y afirma que cuando tomo posesión se enfrentó a una situación caótica, pues toda la policía, con excepción de unos cuantos, estaban al servicio del crimen organizado.

Explica que en los 11 distritos de Tijuana se encontró personal ocupando los mismos cargos desde hace 20 años, sin capacitación y abiertamente ligados a la delincuencia.

Reconoce que no llegó ciego a Tijuana: ya había fungido como director de la Policía Estatal Preventiva y tenía información de la contaminación de la policía tijuanense: "Cuando llegué el problema estaba agravado y el panorama era deprimente, caótico. Tenía que trabajar con una policía infiltrada por grupos delictivos, y no sólo de narcotráfico, sino de criminalidad de bajo y alto nivel… de todo.

"Era un mosaico. Las mafias estaban bien definidas dentro de la propia policía. Polleros, narcotráfico, extorsionadores, secuestradores… todo estaba bien organizado dentro de la corporación. Había una delincuencia desatada en la ciudad, con mucha impunidad. No digo que toda la policía haya estado totalmente involucrada, pero esa corrupción tan arraigada impedía actuar a los buenos elementos porque se veían acotados y amenazados de muerte por hacer su trabajo."

–¿Cómo se infiltró el narco en la policía y cómo explica usted que este municipio haya podido ser gobernado con una estructura policiaca que más bien era una extensión del cártel de Tijuana?

–Cuando la delincuencia iba a llevar a cabo una actividad, les hablaban a sus contactos aquí adentro, que estaban a niveles muy altos, como directores y subdirectores, y les ordenaban que movieran unidades y que limpiaran zonas para que ellos desarrollaran su trabajo sin contratiempos.

"En otras ocasiones, detenían a algún delincuente de poca monta, algún cristalero o trapero, de esos que rompen los vidrios de los carros para robar, y cuando los policías detenían los delincuentes les decían: 'No me puedes tocar, yo trabajo para tal persona'. El policía, al verlo todo sucio, no daba crédito, pero a los dos minutos ya le estaban hablando a su teléfono para que lo soltara. Y lo tenía que dejar en libertad, pues de lo contrario la amenaza se cumplía."

Ante la descomposición, explica Leizaola, "lo primero que tuve que hacer fue depurar a la corporación para contar con policías, porque no teníamos con qué enfrentar a nadie".

En dos años de gobierno han sido destituidos 478 servidores públicos, entre directores, subdirectores, comandantes y agentes, "por sus nexos con la delincuencia", y 100 de ellos están procesados a nivel federal.

–Entonces, ¿por qué la criminalidad sigue siendo el principal problema de Tijuana?

–Lo seguirá siendo porque sucedió que la delincuencia organizada cobijó a la delincuencia común, la atrajo a su ambiente. Por eso le decía yo que no podíamos detener a un trapero, porque ya trabajaba para alguien más. La situación delictiva de Tijuana era una sola, no había delincuencia de alto impacto y común.

Los cambios que Leizaola efectuó al interior de la policía de Tijuana derivaron en enfrentamientos y muertes. En dos años han sido ejecutados 42 agentes, 28 de ellos en 2009. En distintos puntos de la ciudad aparecían los policías ejecutados y al lado de sus cuerpos sobresalían mensajes dirigidos al secretario de Seguridad Pública. "Si no nos dejan trabajar, mataremos a un policía cada hora", le decían.

De mayo a agosto de 2009 se respiró un ambiente de tranquilidad en Tijuana, pero fue efímero. La organización de Sánchez Arellano había puesto en su lugar al Teo, su rival, y a su compadre Raydel López Uriarte, El Muletas, a quienes se les achacan decenas de muertes, desapariciones y secuestros.

El choque de estos grupos antagónicos inundó de nuevo la ciudad de sangre y de mensajes: "Aquí está tu gente, Ingeniero (así le dicen a Sánchez Arellano), voy por ti", decía una cartulina colocada sobre 12 cadáveres.

El militar retirado reconoce que el cártel de Tijuana sigue muy activo y que la lucha por la plaza continuará mientras el gobierno federal no se aplique con un trabajo de inteligencia más eficaz que destruya a los cárteles.


ENTREVISTA A LEIZAOLA


EL EXTRAÑO CASO DEL TENIENTE CORONEL LEYZAOLA

TIREN A MATAR-LEYZAOLA


OPINIONES DE LEYZAOLA

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SANTIAGO MEZA LOPEZ

SANTIAGO MEZA LOPEZ

“EL POZOLERO” O “EL CHAGO”

Nacio en Guamuchil, Sinaloa; tiene 45 años, entró al cártel de los Arellano Félix desde la época en que Ramón Arellano, muerto en 2002, comandaba el grupo de sicarios del CAF y su hermano Benjamín era el líder de la organización delictiva.

No siempre se dedicó a deshacer los cuerpos de los ejecutados por el cártel. En el póster donde el FBI busca información sobre integrantes del CAF, es el número 20. En aquella ocasión, fue retratado junto a más de 60 miembros de esa organización, para tramitarles credenciales apócrifas como agentes de la Policía del Estado de Baja California, como reportó ZETA en abril de 2004.

El Pozolero trabajaba directamente bajo las órdenes de Marco Antonio García Simental El Cris cuando éste servía a Jorge Aureliano Félix El Macumba, detenido el 3 de junio de 2004.

Fue el hermano de El Teo quien le enseñó cómo deshacer cuerpos en ácido. Así lo reportan expedientes en la Unión Americana. Cuando los sicarios de Ramón Arellano fueron cayendo en prisión, Santiago Meza empezó a integrarse al equipo de Francisco Javier Arellano Félix, y después al de Francisco o Fernando Sánchez Arellano El Ingeniero.

Declaró Meza López que pocas veces iba a la casa donde fue detenido. Que sí trabajaba para Sánchez Arellano pero que a raíz de la ruptura de éste con García Simental, se quedó definitivamente con el último. Además, que también deshizo cuerpos que le fueron entregados por Filiberto Parra Ramos y Raydel López Uriarte.

Detalló en los separos de la SIEDO , que los cadáveres le eran entregados normalmente con la cara cubierta con cinta adhesiva color canela. Que de hecho, él no hacía personalmente todo el trabajo, que contaba con dos ayudantes por lo menos, a quienes había enseñado la fórmula para deshacer los cuerpos.

Cuando Meza López fue detenido el 22 de enero de 2009, se encontraba drogado y tomado. Eso facilitó que en los primeros interrogatorios empezara a proporcionar información diversa. Nombre, actividad, patrón y método que utilizaba para eliminar los rastros humanos.

Al momento de su captura confesó haber desintegrado en ácido a 300 personas, la autoridad indicó que ya cuenta con un banco de ADN de al menos 50 integrantes de la Asociación Esperanza y Vida contra las Desapariciones Forzadas.

Ahora sólo falta que la dependencia obtenga avances en los crímenes atrasados y que se adquiera el software para cotejar los restos humanos que pudieran encontrarse en el domicilio presuntamente utilizado por Meza López para desintegrar cadáveres.

FUENTE: ZETATIJUANA.COM


EL POZOLERO

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CAPTURA DEL POZOLERO DEL TEO

El Ejército capturó en Baja California a Santiago Meza López, El Pozolero del Teo, quien presuntamente declaró haber “deshecho en ácido a por lo menos 300 cuerpos humanos en 2008”, quienes eran enemigos y deudores del capo Teodoro García Simental, El Teo, informó la Secretaría de la Defensa Nacional.

El Teo, según investigaciones de la Procuraduría General de la República, era uno de los principales lugartenientes del cártel de los hermanos Arellano Félix, pero desde abril de 2008 se alió con el cártel de Sinaloa y desde entonces mantiene una lucha contra el cártel de Tijuana.

La Sedena dio a conocer que elementos militares pertenecientes al primer Grupo Anfibio de Fuerzas Especiales detuvieron a tres sujetos y una menor de edad, quienes circulaban a bordo de cuatro vehículos sobre la carretera escénica Ensenada-Tijuana.

En inmediaciones del hotel Baja Season, los sospechosos, agregó la Sedena, trataron de huir.

Sin embargo, la acción militar permitió la captura de Santiago Meza López, El Pozolero del Teo o El Chago, originario de Guamúchil, Sinaloa.

De Santiago Meza López, la Sedena refiere que tiene 45 años de edad, “originario de Guamúchil, mismo que se autodenomina El Pozolero del Teo, ya que se encuentra al servicio de Teodoro García Simental, El Teo, manifestando además haber deshecho en ácido por lo menos 300 cuerpos humanos en 2008, producto de la guerra del narcotráfico, enemigos y deudores de García Simental; cabe mencionar que este sujeto ocupa el número 20 en la lista de los más buscados por el FBI”.

La Sedena informó además que otros de los sospechosos capturados son:

“Héctor Manuel Valenzuela Lobo, de 45 años, originario de Mocorito, Sinaloa, El Chacho, mismo que manifestó ser el cocinero del Teo, toda vez que es quien preparaba los alimentos exclusivamente a García Simental.

“Fernando Lopez Alarcón, de 49 años, originario de Ciudad Obregón, Sonora, declaró ser ayudante del cocinero del Teo, y una menor de edad, quien manifestó haber sido contratada para un evento social”.

El Pozolero del Teo dijo que cobraba 600 dólares a la semana por la macabra tarea de la que se dijo arrepentido y por lo que pidió perdón a los familiares de las víctimas.

Explico que a él le entregaban los cadáveres, únicamente hombres, los disolvía en sosa cáustica durante 24 horas y arrojaba los residuos en una fosa séptica.

Entre las armas que les fueron decomisadas había un fusil Barret calibre.50; una ametralladora MP-5 calibre 9 mm; una carabina DSA ZM4 calibre 5.56 mm y un fusil HK-91 calibre .308, además de dos granadas de mano.

Durante el operativo también fueron asegurados tres chalecos antibalas; seis placas para chalecos antibala; un portacargador doble; una fajilla color verde con portagranadas.

Por otra parte, a partir de la captura de Eduardo Arellano Félix, El Doctor, que se encargaba de la operación del grupo criminal, surgieron al menos dos grupos que intentaron obtener el liderazgo de la organización.


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LA PRESENTACIÓN DEL "POZOLERO"

La captura de Santiago Meza López representó para las autoridades militares un trofeo, digno de presumirse. Al momento de su presentación fue triunfalmente anunciado como uno de los veinte criminales más buscados por los gobierno de México y Estados Unidos.

Con el afán de mostrar a los medios de comunicación la forma en la que operaba, El Pozolero, un presunto delincuente considerado de alta peligrosidad, fue trasladado junto con un grupo de al menos treinta reporteros al lugar donde disolvía los cuerpos en ácido, para que les narrara con su propia voz la logística de su trabajo.

El detenido y los reporteros fueron trasladados en camiones militares desde el cuartel de la colonia Morelos hasta el ejido Ojo de Agua, en un convoy de por lo menos 25 vehículos, compuesto por unidades militares, patrullas de la Policía Federal , Policía Ministerial y unos cuantos vehículos particulares de algunos comunicadores que se integraron en el trayecto.

Al arribar a las polvorientas calles del ejido Ojo de Agua, el convoy se convirtió en desfile, y además de parar el tránsito, captó la atención de vecinos, peatones y niños pequeños que salían a la calle a ver pasar a los militares.

Al llegar al inmueble donde se deshacía de los cadáveres, Meza López fue sometido con las manos tras la cabeza por dos soldados y encarado con los reporteros, que uno tras otro le preguntaban con detalle los pormenores de su grotesca tarea.

-¿A qué tipo de personas deshacías?

-Yo no sé qué tipo de personas eran, a mí sólo me los daban.

- ¿Hubo niños y mujeres entre los deshechos?

-No, nunca.

- ¿Los despedazabas?

-No, los echaba enteros.

- ¿Qué hacías con lo que quedaba?

-Lo enterraba.

- ¿Dónde?

-Aquí, respondió, mientras apuntaba sus ojos al suelo debajo de sus pies.

La respuesta dejó sin palabras a más de un reportero. Se habían dado cuenta de que estaban parados sobre la evidencia. Al ser cuestionado sobre qué le diría a las familias de las víctimas el detenido respondió con ligereza, pues que me disculpen.

Ésa fue la última pregunta, antes de ser devuelto al vehículo militar y cubierto con una cobija.

Mientras tanto, los fotógrafos y camarógrafos captaban cada detalle posible de la narco fosa, mientras que los reporteros compartían sus hipótesis de cómo y dónde preparaba el pozole.

El terreno bardeado permitía a los ocupantes trabajar los químicos con amplia discreción, mientras el criadero de animales ubicado a un costado, podía enmascarar un poco el penetrante olor de la sosa cáustica.

Al estar ubicado en las faldas de una colina lejana, el inmueble brindaba una visibilidad de kilómetros de distancia desde la barda perimetral. Una gran ventaja operativa en caso de que sus ocupantes en alguna ocasión tuvieran que haber salido huyendo.

Después de una hora de visita, los reporteros abandonaron el terreno pisoteado, con tiempo suficiente para regresar a sus salas de redacción y difundir la noticia.

En cuestión de horas la nota había dado la vuelta al mundo.

FUENTE: ZETATIJUANA.COM


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EN LA COLINA DEL POZOLERO

La metáfora de 300 cuerpos disueltos en ácido ayuda a definir el clima de la vida diaria en una de las ciudades más violentas de México.

Un escritor tijuanense me dijo: “Si quieres saber de qué se trata Tijuana debes ir alla”. Allá era el ejido Ojo de Agua, un valle polvoriento a las afueras de la ciudad al que se llega luego de atravesar los cerros sembrados de casas que aparecen en todas las crónicas de Tijuana. En lo alto de una loma —un castillo de Drácula región cuatro— se encuentra el rancho de Santiago Meza López, El Pozolero del cártel de los Arellano Félix. Un hombre que disolvió los cuerpos de 300 personas en tambos de sosa cáustica.

Mitad rural, mitad urbano, el ejido Ojo de Agua es todo menos un lugar. Hilillos de aguas negras bajan por las cuestas. En las calles, de tierra apisonada, aparecen casas levantadas con materiales de desecho: láminas, llantas, tablones. Para donde se mire, sólo existen piedras, sólo existe polvo.

El rancho es una construcción pequeña, de tabique, con muros de dos metros de alto. Adentro hay agujeros cavados en la tierra, tambos industriales con residuos líquidos y una mesa de madera con varios instrumentos de trabajo: guantes de carnaza, cuchillos, recipientes, cucharas de albañil. Unas 200 latas de cerveza, aplastadas, están diseminadas por el terreno. A El Pozolero le gustaba refrescarse la garganta mientras llevaba a cabo su labor.

En la parte alta del rancho hay una habitación sin puertas. Meza López dormía en el suelo, envuelto sólo con una cobija. Los 600 dólares que cada semana le entregaba el narcotraficante Teodoro García Simental no le permitieron nunca el lujo de colocar un catre en su lugar de trabajo.

El 22 de enero de 2009, elementos del ejército adscritos a la II Zona Militar recibieron una denuncia ciudadana: en una casa de la colonia Baja Season’s, hombres armados llevaban días enteros de fiesta. Había música norteña, vehículos sin placas y sexoservidoras que entraban y salían. Un convoy militar cayó sobre el lugar. Cinco minutos antes, corriendo por la playa, habían escapado Teodoro García Simental y 30 de sus allegados. “Cuando el ejército solicitó el apoyo del Ministerio Público, alguien de la PGR les dio el pitazo”, cuenta la directora del semanario Zeta, Adela Navarro.

Meza López estaba tan intoxicado que no se dio cuenta de lo que ocurría. Cuando los militares lo tendieron con las manos en la nuca sobre la arena de la playa, les dijo:

—No saben con quién se meten. Yo soy El Pozolero de El Teo.

Antes de regresar a la tierra había entregado nombres, domicilios, el patrón sorprendente de sus actividades. Fue presentado como uno de los 20 criminales más buscados por el FBI. El ejército lo exhibió ante la prensa como un trofeo. Recuerda el reportero Luis Alonso Pérez:

—Nos llevaron en tres camiones militares hasta el rancho del ejido Ojo de Agua. El Pozolero iba en una Hummer, tapado con una cobija. Toda la colonia salió a mirar el desfile. Los militares lo bajaron de la camioneta, lo llevaron al centro de la finca y le ordenaron que hiciera la reconstrucción de los hechos.

—¿A quiénes deshacías aquí?

—No sé quiénes eran. A mí sólo me los daban.

—¿Los despedazabas?

—No, los echaba enteros en los tambos.

—¿Cuánto tardaban en deshacerse?

—Catorce o quince horas.

—¿Qué hacías con lo que quedaba?

—Lo enterraba.

—¿En dónde?

—Aquí (mientras apuntaba con los ojos al suelo, bajo sus pies).

Agrega Luis Alonso Pérez:

—Los reporteros de Tijuana nos hemos acostumbrado a ver de todo. Pero esto nos dejó congelados. De algunos cuerpos sólo quedaban los dientes. Lo peor es que, de algún modo, él se sentía inocente. Era como un carnicero diciendo: “Yo no mato a las reses, nomás las destazo”.

Meza López era conocido en el cártel como El Chago. Se había dedicado durante muchos años a la elaboración de ladrillos. “Entré al crimen organizado por el lado de la construcción”, dijo después. A principios de los noventa fue reclutado por Ramón Arellano. A la muerte de éste, ocurrida en 2002, quedó bajo las órdenes de Marco Antonio García Simental, El Cris, quien le encargó la desaparición de los primeros cuerpos. “Aprendí a hacer ‘pozole’ con una pierna de res, la cual puse en una cubeta, le eché un líquido y se deshizo. Comencé a hacer experimentos y me convertí (en pozolero), agarrándole la movida, y ese fue mi error. Le puse más interés y por eso me quedé”, declaró, la noche de su detención, ante agentes de la SIEDO.

Desde 2005 la PGR estaba al tanto de sus actividades. Regimiro Silva Pereida, un secuestrador detenido en Mexicali, había asentado en la averiguación previa 3694/05/208:

Recibí instrucciones de El Cris para que yo y otro, de apodo El Flama, priváramos de la vida a tres personas por las que ya se había pedido rescate. Entre El Flama y yo les colocamos cinta adhesiva color canela en la cara para que dejaran de respirar y murieran por asfixia, hasta que dejaron de moverse. Después, otra persona a la que conozco como Chago se llevó los cuerpos a un lugar que desconozco, pero me enteré que los hicieron “pozole”, utilizando unos tambos de agua, de los cuales se pegan uno encima de otro con soldadura, se agregan casi doscientos litros de agua y se vierten dos sacos de sosa cáustica. Luego se arroja el cuerpo humano, sin ropa de vestir, y después de permanecer aproximadamente catorce o quince horas que tarda el cuerpo en desintegrarse, pero no completo, sino que quedan restos óseos, es arrojado el “pozole” al drenaje o en cerros.

Un segundo secuestrador, Iván Aarón Loaiza Espinoza, había declarado en la misma averiguación:

Al llegar a Tijuana conocí a una persona de nombre Luis, alias El Sombrero. Me invitó a trabajar para que le cuidara unas galleras pero con el tiempo me gané su confianza y me invitó para que yo le cuidara casas de seguridad en las cuales tenían personas secuestradas. Me llevó a un rancho conocido como Los Licuados, ya que en ese rancho “pozolean” a las personas, desintegran los cuerpos de las personas secuestradas. Mi primera función fue la de ayudar a soldar los tambos, ya que se requieren de dos para que quepan los cuerpos completos.

Miro aquel panorama gris. Las fosas cavadas en el rancho de El Pozolero. Todo luce como el día de su detención. En un rincón aparece incluso un pantalón de mezclilla manchado de sangre. La propietaria de la casa vecina corre a encerrarse en cuanto me ve. Toco la puerta. No la abre. Los vecinos del ejido Ojo de Agua dicen que por las noches llegaban hasta este sitio camionetas cerradas y pipas de agua. “Aquí hacemos gelatinas”, les decía Meza López, empuñando su lata de cerveza. El olor de los cuerpos sumergidos en ácido solía confundirse con el de un criadero de chivos ubicado a unos metros. Transcribo las palabras del escritor tijuanense que me recomendó venir: “Esto no es inseguridad, sino algo distinto. Algo que tendría que tener otro nombre, porque es más terrorífico: no se trata sólo de ser robado, secuestrado, golpeado, asesinado. Y a la vez, es algo menos, porque ese terror ya se hizo cotidiano, te terminas acostumbrando”.

En agosto de 2006 la detención del último de los hermanos Arellano Félix —Francisco Javier, El Tigrillo—, provocó un reacomodo en la estructura del Cártel de Tijuana. Al frente de la organización quedó un sobrino de los líderes históricos: Eduardo Sánchez Arellano, alias El Ingeniero.

—El desmembramiento del grupo provocó una pugna por el control de la plaza —dice el delegado de la PGR, Martín Rubio Millán.

El control de la plaza no significa sólo tener un corredor para el trasiego de drogas. El cártel controla también el tráfico de personas, los secuestros, la venta de autos robados, los asaltos de alto impacto, las máquinas tragamonedas, las apuestas, la prostitución, el juego clandestino y la “piratería”.

Un antiguo sicario de los Arellano, Teodoro García Simental, conocido como El Teo o El Tres Letras, ocupó la dirección de una de las células más violentas. El poder que acumuló en poco tiempo le permitió violar de modo sistemático las reglas impuestas por El Ingeniero: se limitaba a enviar su cuota al líder del cártel, pero “llegó el momento en que ya ni el teléfono le contestaba”.

El 25 de abril de 2007 El Tres Letras fue llamado a cuentas. Eduardo Sánchez Arellano le exigió una reunión para discutir los secuestros “no autorizados” que su grupo estaba cometiendo. Según una investigación del semanario Zeta, esa noche los teléfonos de la policía comenzaron a sonar para advertir a los agentes que se mantuvieran lejos de la calle “porque el asunto entre ellos se va a poner feo”. Los gatilleros de ambos grupos fueron requeridos por radio. “Vamos a escoltar a un jefe”, les dijeron. Era viernes y la mayor parte de los sicarios (algunos de ellos, policías municipales y ministeriales) estaban “enfiestados”.

La cita fue concertada en la madrugada, en el paseo conocido como el Guaycura. 22 vehículos con hombres armados hasta los dientes, y drogados a morir, llegaron hasta ese sitio. La policía había desaparecido de las calles. No sólo la municipal: también “se habían abierto de la zona” las patrullas de las policías federal y estatal.

El Ingeniero envió como avanzada a su lugarteniente, El 7-7. Éste le informó por radio que El Teo no se había presentado. En los autos sólo había personajes de segunda línea: “puros claves R”, que dijeron que tenían la orden de recibir el recado. “Acaben con ellos”, ordenó Sánchez Arellano. El 7-7 le disparó en la cara a Alfredo Delgadillo Solís, conocido como La Máquina. Se desató una cruenta balacera que dejó 15 muertos (entre ellos El 7-7) y 22 heridos. Más de mil 500 cartuchos fueron percutidos. La guerra que se decretó esa noche dejó 337 muertos en 2007 y 880 en 2008.

—Existen indicios de que Teodoro García Simental se había cobijado en el Cártel de Sinaloa, una organización que encontró en esta pugna la oportunidad de infiltrarse en Tijuana —afirma el delegado Rubio Millán.

El resultado: una estela de decapitados, encobijados, estrangulados y acribillados, que en ese tiempo convirtió a Tijuana en la tercera ciudad con mayor número de ejecuciones, luego de Culiacán y Ciudad Juárez.

En los días que siguieron a la batalla del Guaycura, un viejo escolta del ex gobernador Ernesto Ruffo Appel, el ex comandante de la Policía Ministerial del estado, José Ramón Velásquez Molina, fue secuestrado por sicarios al servicio de los Arellano. El ex comandante fue golpeado y torturado. Luego, sus verdugos lo sentaron frente a una cámara de video. El interrogatorio al que lo sometieron fue entregado en un disco compacto a diversos medios de comunicación. Velásquez Molina aparece golpeado y sudoroso, con la mansedumbre de un cordero que desea agradar en todo a sus verdugos.

—¿Para quién trabajas?

—Trabajo para una célula de El Chapo Guzmán y Mayo Zambada. Antes trabajaba para El Mayel. Hace tiempo, El Mayel, por medio de su abogado en Almoloya, me habló para decir que me fuera a Culiacán, que me iba a encontrar con su hermano El Gil, para ir a ver a estas personas, los dos fuimos, estuvimos allá.

—¡Más fuerte!

stuvimos en Culiacán… platicando con El Chapo y El Mayo Zambada… Estuvimos ahí como unas cuatro horas platicando… El Gil se comprometió para trabajar con ellos… estuvo sosteniendo relaciones con estas personas hasta que lo detuvieron.

—¿Y qué está pasando ahorita?

—La relación de El Chapo se quedó conmigo. Y el año pasado (con) una persona de nombre Humberto Valdez, le dicen El Pato Valdez.

—¿Él quién es?

—El Pato Valdez es, me dijeron en ese tiempo, un asesor del procurador.

—¿Qué procurador?

—Antonio Martínez Luna.

—¡Hable más fuerte!

—Antonio Martínez Luna, el procurador. En ese tiempo me dijeron que el procurador Antonio Martínez Luna quería trabajar tanto con El Mayo como con El Chapo para combatir a la gente de Tijuana… y que querían formar un grupo de agentes ministeriales, 10 agentes ministeriales ya dados de baja, para conformar una célula para combatir a la gente de Tijuana… Yo llevé a El Pato Valdez a Culiacán, se entrevistó con El Chapo y con El Mayo… se tomaron acuerdos como que el asesor del procurador quedó de darles información, toda la información de Tijuana…

—Pérate, pérate. ¿Quién dirige esa célula?

—La célula que se formó en Mexicali la dirijo yo.

—¿Y quién más?

—Apoyado por El Pato Valdez.

[…]

—¿Tú y él dirigen esa célula?

—El grupo de la Procuraduría lo dirige él, él dirige a los agentes.

—¿Qué grupo?

—Sé que están en el grupo especial ese de inteligencia que el procurador formó con ese nombre.

[…]

—¿Cómo operan y quién los protege, cómo operan y quién los protege?

—¿Cómo se opera? Pues se opera de la forma en que todo el mundo sabe, o sea, cuando se va a levantar a una víctima, lo protegen a uno los agentes, el que nos protege es el licenciado Pato Valdez, él tiene pleno conocimiento de los operativos, a la vez él le comunica a El Blindado de todos los operativos.

—¿Y el procurador?

—El Blindado en este caso, es la clave que él utiliza.

—¿Quién es El Blindado, dónde, cómo se llama?

—El Blindado es el procurador.

[…]

—¿De dónde está agarrado el procurador?

—El procurador está agarrado del gobernador.

—¿Cómo se llama el gobernador?

—El gobernador se llama Eugenio Elorduy Walther. Pero yo no creo que el gobernador esté metido en esto. Pero sí lo apoya. Incondicionalmente lo ha apoyado. Ya van a ser los seis años y lo sigue sosteniendo igual.

El interrogatorio sigue, implacable: ¿Cómo es ese cabrón? ¿Qué edad tiene? Acuérdate, acuérdate, tienes que acordarte. ¿Te molesta la luz? Háblame de los trabajos que han hecho. A ver, de uno por uno. ¿Quién es la gente de El Chapo aquí? Di nombres y apodos. No te equivoques. ¡Nombres! Cárgate para acá, por favor. Veme a la cámara. ¿Cómo planearon las cosas, cómo fue el jale? ¿A qué más ministeriales les pagaron? ¿Están bien cuajados o qué onda? ¿Están cuajados? Y los municipales… ¿qué me dices de la municipal?

José Ramón Velásquez fue asesinado en cuanto terminó el interrogatorio. Abandonaron su cadáver frente a la casa donde vivía la novia del procurador. La tormenta que desataron 20 minutos de grabación no bastó para que el funcionario fuera removido del cargo. Martínez Luna declaró que no conocía, ni había oído hablar jamás de El Pato Valdez.

Al poco tiempo, una nueva videograbación reveló una extraña conversación sostenida en las oficinas de la Procuraduría estatal. Los protagonistas eran El Pato Valdez, el secretario particular del procurador, Julio Lamas, y el titular de la Unidad Especializada contra el Crimen Organizado, Víctor Felipe de la Garza Herrada.

Valdez detallaba ante los funcionarios una posible estrategia para lograr la captura de un miembro del grupo de los Arellano. No sólo eso: les pedía la entrega de “viáticos” para montar el operativo.

El huracán en que se vio envuelta la Procuraduría estatal cuando la videograbación fue entregada a los medios, tampoco hizo en mella en el procurador. Martínez Luna fue sostenido en el puesto hasta que terminó el sexenio del gobernador Elorduy (2001-2007). El entonces titular de la Unidad Especializada contra el Crimen Organizado, Víctor Felipe de la Garza, no consideró que el nuevo video constituyera una prueba de nada. Se encogió de hombros: “Yo recibía a muchas personas que aportaban información o presentaban denuncias. El objetivo de esa reunión fue recibir la denuncia de ese señor, que es un abogado de aquí de Tijuana. Yo lo conozco nada más de eso. Ha habido resultados muy importantes en las investigaciones, y la realidad obedece precisamente a esta confianza que tiene en nosotros la ciudadanía”.

—La única realidad de Tijuana es la impunidad —dice la directora de Zeta, Adela Navarro—. Se trata de una impunidad sin remedio, sin salida, porque es proveída por el mismo estado. En Tijuana, prácticamente todas las policías han sido compradas: de la municipal a la PGR, los agentes obedecen al cártel antes que al estado.

A fines de marzo de 2009, 18 oficiales de la Policía Municipal de Tijuana, entre los cuales se encontraba un jefe de Inteligencia, fueron detenidos por fuerzas federales.

tros 39 habían sido consignados a lo largo del año. Cada uno de ellos cobraba entre 500 y 800 dólares al mes a cambio de colaborar con el crimen organizado. El dinero era enviado a los mismos cuarteles de la policía. Un oficial de alto rango era el encargado de repartirlo.

—El cártel controla a la fuerza pública, y controla también al poder judicial —prosigue Navarro—. Zeta lo ha documentado sistemáticamente durante 30 años. En los archivos del semanario no sólo está el organigrama del cártel, sino también los vínculos que éste ha establecido con las autoridades desde los tiempos en que comenzó a operar. Zeta ha documentado el modo en que nuestra sociedad se fue quedando en la orfandad, y perdió el asombro.

El presidente de la Coparmex, Roberto Quijano, asegura que Tijuana es víctima de una leyenda negra tejida por los afanes sensacionalistas de la prensa:

—La gente vive con normalidad. Hay una guerra entre grupos criminales, pero los ciudadanos no forman parte de esa pugna. Los muertos, los ejecutados, son los propios criminales. Aunque el tejido social fue dañado por las omisiones cometidas durante la administración de Elorduy, en Tijuana la mayor parte de los ciudadanos hacemos nuestra vida con tranquilidad.

La Quinta Encuesta Nacional sobre Inseguridad, realizada por el ICESI (Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad) coloca, sin embargo, a Tijuana como la cuarta ciudad más peligrosa del país (después del Distrito Federal, la zona conurbada del Estado de México y Acapulco), y la tercera donde la población se siente más insegura (luego del DF y el estado de Tabasco). Aunque en las calles no parece agitarse ni una hoja, y a primera vista la ciudad luce tan inofensiva como un domingo en la playa, en sus pliegues hay grietas, manchas de sangre, agujeros de bala. Taxistas, vendedores de chicles, boleros, meseros, repartidores de diarios, forman una red social asociada al narcotráfico. La PGR los conoce como “halcones”; la gente de Tijuana los denomina “punteros”. Su trabajo consiste en reportar la llegada de convoyes, de autos sospechosos, de visitantes extraños. Todo movimiento ocurrido en las oficinas gubernamentales es reportado de inmediato a los operadores del cártel.

—Al narco no lo ves venir, pero te sale al paso en todas partes. No es una construcción imaginaria. Está metido en la vida cotidiana. Forma parte de nosotros. El narco es ya nuestra cultura —dice el reportero Luis Alonso Pérez.

Beatriz Angélica Pérez Galindo, tampoco lo vio venir. Acababa de separarse, tenía un hijo de 10 años, necesitaba trabajo con urgencia. Una noche salió a comer tacos con una amiga. Esa amiga le presentó a un hombre. “Mira, este es Leonardo”. Leonardo traía una placa metálica encajada en el cinturón. Dijo que era “comandante de Inteligencia de la Procuraduría General de la República”. Le preguntó a Beatriz Angélica a qué se dedicaba. “A nada”, dijo ella. El hombre le sugirió: “Ya que no tiene trabajo, debería dedicarse a la correduría de bienes raíces. Usted busca casas en renta, las contrata para mí y yo le doy un mes de renta de comisión”. Beatriz Angélica le dio su número telefónico. Leonardo se negó a darle el suyo: “Como soy de la policía no se lo puedo dar”. La llamó al día siguiente: “Búsqueme una casa grande, que tenga cochera”. Beatriz Angélica se puso a revisar los anuncios del periódico. Encontró una casa de 800 dólares al mes. Cuando Leonardo volvió a llamarle, se pusieron de acuerdo para que él le enviara el dinero del depósito. Se firmó el contrato. Le pagó su comisión.

Al poco tiempo el comandante volvió a buscarla para que consiguiera otra casa. “Va a llegar gente de la ciudad de México”, le dijo. Beatriz Angélica llamó a la inmobiliaria y consiguió una casa con tres recámaras y portón eléctrico. 800 dólares de renta. Leonardo le mandó una credencial de elector: pertenecía a una tal Liliana Ortiz. “Sáqueme a nombre de ella el contrato”.

Durante varios meses la mujer anduvo rentando casas a lo largo de la ciudad. A veces, porque iba a llegar de visita la familia de Leonardo; otras, porque éste estaba esperando “más gente de México”. Casi todos los contratos salieron a nombre de Liliana Ortiz, y en algunas ocasiones a nombre de Gustavo Guajardo.

Cuando se hicieron de confianza, el comandante comenzó a pedirle que llevara comida a las casas que había rentado. En ellas encontraba siempre a hombres armados que miraban la televisión. Unos parecían policías efectivos, otros tenían aspecto de “madrinas”. Todos llevaban ropas de calidad. No se dio cuenta de cómo el narcotráfico se había metido en su vida. No lo vio venir, hasta la tarde en que la detuvieron llevando una bolsa de comida a una casa de seguridad del crimen organizado. No supo que en Tijuana el narco te sale al paso, hasta que, previa lectura de su dicho, lo ratificó, firmó y estampó su huella dactilar. No lo supo hasta que le dijeron que había pasado a formar parte de una averiguación. La PGR/UEDO/087/2000.

El presidente de la Coparmex, Roberto Quijano, comprendió en el sexenio del gobernador Elorduy que el crimen había tocado nuevas esferas. El secuestro de un empresario le reveló el nivel de la infiltración.

—Acababan de secuestrarlo. Llamé a la Procuraduría para decirles: “Se lo están llevando”. A las dos horas, el empresario fue liberado. Me pregunté: “¿De veras la cosa es así? ¿Existen secuestros autorizados y no autorizados?”.

Agrega Quijano:

—Cualquier gobierno tiene prioridades. Para Elorduy la seguridad no fue una de ellas. No dimensionó el problema, y cuando quiso tomar cartas en el asunto era demasiado tarde. El agua le había llegado a los tobillos, la dinámica delincuencial había enfermado a Baja California. Esa es la lucha que ahora se está dando: cómo sanar a un cuerpo que lleva tantos años enfermo.

Afuera, en la calle, hay patrullas con las sirenas encendidas, operativos policíacos con encapuchados, convoyes repletos de hombres armados que al mediodía transitan a vuelta de rueda por Sánchez Taboada y el Paseo de los Héroes. Todos los días hay primeras planas que anuncian en las esquinas nuevas ejecuciones. Noticiarios de televisión que exhiben cuerpos ensangrentados. Tijuana es una balacera.

Un registro de la Asociación Ciudadana contra la Impunidad señala que, de 2007 a la fecha, 488 personas han desaparecido después de ser levantadas por comandos que portaban uniformes, credenciales, armas largas y logos de la policía.

—En el 40 por ciento de los casos se trató de secuestros de comerciantes, tianguistas y pequeños empresarios. Ellos forman el grupo más vulnerable de la sociedad, pues los narcotraficantes no acostumbran secuestrar a la gente pudiente. Prefieren secuestrar a los dueños de farmacias, de tiendas, de carnicerías: aquellos que no tienen influencia ni contactos. Algunos secuestrados regresan a sus casas; otros no vuelven a aparecer jamás —explica el secretario general de la asociación, Fernando Ocegueda.

En su escritorio, Ocegueda tiene un álbum que contiene los rostros de los desaparecidos. Son fotos tomadas en festejos, reuniones familiares, ocasiones solemnes y días de campo. Cada una de esas sonrisas ha sido borrada por un cuento de terror. “Entraron por él a su casa”, “lo levantaron al salir del trabajo”, “descuartizaron al chofer y lo fueron a tirar en la puerta para que la familia pagara el rescate”. Casi 500 personas en sólo dos años. Unas se habían metido en las redes del crimen organizado. Otras no. Fueron simplemente víctimas.

Cuando El Pozolero cayó en Baja Season’s, los miembros de la Asociación llevaron el álbum a las oficinas de la SIEDO.

—Teníamos esperanza de que él nos aclarara el destino de nuestros familiares —dice Ocegueda—. Pero El Pozolero contestó que nunca vio a las caras de los muertos. Que se los entregaban enteipeados, con la cabeza envuelta en cinta canela, y que de ese modo los metía en los tambos.

La directora de Zeta afirma que Tijuana es un cementerio. Que por cada muerto que aparece posiblemente hay otro enterrado en narcofosas o en casas de seguridad.

—Si tienes suerte, encuentran tu cuerpo por ahí tirado. Si no la tienes, posiblemente es porque te mandaron allá.

Allá. Un perro ladra en el ejido Ojo de Agua, cerca de la tapia tras la cual Meza López encendía fogatas para que los cuerpos metidos en tambos desaparecieran más pronto. El viento pega en las cuestas, levanta remolinos de polvo, agita los montoncillos de tierra que descansan junto a las fosas sembradas de huesos y dientes.

FUENTE: NEXOS.COM.MX


CORRIDO LA CAPTURA DEL POZOLERO

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